Todo el personal es muy profesional y amable. Realmente en los días que paso aquí me hacen sentir como en casa. Por las noches después de cenar paso tiempo hablando con Luisa y con los clientes de La Tortuga. Antes de retirarme a descansar converso con los guías de buceo Noel, Tony y Alberto. A nuestras charlas se une Fausto De Nevi, que es capitán de uno de los barcos de vida a bordo. Es un gran conversador y le pone la guinda divertida a todas nuestras improvisadas reuniones. Le gusta sobre todo hablar de tiburones. Como prácticamente a todos aquí y las anécdotas se van comentando una tras otra hasta que los jejenes o el sueño deciden que es la hora del descanso. |
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| Las mañanas comienzan pronto para tratar de aprovechar la marea y evitar que el agua saliente de la laguna ensucie con sus sedimentos la inmersión. Nada más levantarnos Manel Gonzales, amigo y experimentado cámara de televisión y yo, nos dedicamos a preparar nuestros equipos para el primer buceo. Un desayuno y rumbo a la zona de buceo. |
En esta ocasión los guías nos muestran la inmovilidad tónica. Se trata de la respuesta automática de los tiburones sedosos al ser sujetados e inmovilizados. Cuando son sujetados por la aleta caudal o dorsal por algunos de los guías se quedan inmovilizados y no tratan siquiera de huir. Es sorprendente el ver a estos poderosos animales algunos de tres metros de longitud como se quedan sujetos por el buceador y sin ningún tipo de resistencia. Transcurridos unos minutos son liberados y un par de segundos después su comportamiento es de total naturalidad como si nunca hubiesen tenido contacto con el hombre. |
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| Inmersión tras inmersión descubro más secretos de este bello lugar. Incluso en las aguas del manglar la vida bulle por doquier. Entre sus raíces puedo fotografiar bancos de peces que se ocultan de los depredadores. Medusas que prefieren fijarse al sedimento a nadar. Incluso rayas que buscan su alimento entre raíces y plantas acuáticas. Tal abundancia de vida unida a la espectacularidad de las formaciones de arcos e incluso de pequeñas cuevas entre este enmarañado laberinto hacen que bucear a poca profundidad en el manglar sea una delicia para los sentidos. |

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| Después del buceo Noel nos recomienda visitar una playa para conocer a otro del los habitantes del manglar. Son las simpáticas Jutías. Unos roedores grandes y muy confiados que llegan a aceptar alimento de la mano del hombre. Las jutías solo tienen miedo de las aves rapaces y de los pocos cocodrilos americanos que viven en esta agua. Pero en la playa pasean muy cerca de las iguanas y apenas se inmutan de su presencia. |

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| Una tarde buceamos muy cerca de un cayo a muy poca profundidad dos o tres metros a lo sumo. Este sitio tiene la particularidad de que está repleto de bancos de peces. Al sumergirme me quedo sorprendido. Hay peces por todas partes. Miles de peces de especies diferentes. A veces se mueven al unísono huyendo de algún depredador. Otras veces son simplemente mecidos por las olas que debido al poco fondo hacen un poco incómoda la inmersión. Esta cantidad de peces en otros lugares sería inconcebible. La protección de este arrecife hace unos diez años y el aislamiento político de Cuba hace que esta zona se encuentre en un estado casi prístino. |
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| De regreso a la Habana en un viaje por carretera que dura aproximadamente unas cinco horas me hago un montón de preguntas. Todas ellas están relacionadas con los últimos movimientos políticos sucedidos en este país ¿Qué será de los Jardines en el futuro? ¿Seguirá el gobierno y la empresa Avalon cuidando esta maravilla natural? |